martes 23 de diciembre de 2008
Mis Tonterías sobre la navidad
Estoy convencida de que mi querida madre se había preparado psicológicamente para que todo los días y a toda hora le diera flojera cocinar, para tener siempre un espíritu de la navidad insoportable que obligara a comer hallacas; ofreciéndome así con una sonrisita más de burla que de amabilidad, una hallaca. Si por casualidad de la vida, se me ocurría un cambio en el menú, la otra alternativa (si podría decirse así) era ¡BOLLITO! ¡Eso es la misma vaina! (Pero sin opción de excavarlo como ocurre con la hallaca) ¡QUE INSOPORTABLE!
Desde ahí dije explícitamente que odiaba la hallaca, cosa favorable, porque aún me siguen dando, pero no en las mismas cantidades que antes, ya no soy una hallaca humana, ya no sueño con hallacas, ya no detesto comer en navidad, ya entiendo plenamente el significado de una navidad feliz (tampoco para tanto)
Ya las navidades no son las mismas, creo que todo empezó desde aquel trágico día en el que descubrí que el niño Jesús no existía realmente… Es decir, que no era ese ser fantástico que estaba en mi cabecita y me traía regalos fabulosos exactamente como se los pedía en la lista (no siempre). ¡Esa bendita lista! Esa lista marcaba el inicio de la navidad (principios de noviembre). Está bien, está bien… estoy exagerando... Debo confesar que siempre supe lo del niño Jesús, gente cruel a mi alrededor me lo dijo desde muy temprano y después señales boletas de mis padres me lo confirmaron. En realidad me refiero al nefasto instante en que deje de hacerme la pendeja y de escribir las cartas. Desde ahí…si que nada fue como antes.
Cuando me declaré en contra de la hallaca, cuando deje de hacerme la estúpida con la carta… sólo me quedaba la emoción de colocar el arbolito. Y justo la navidad en que había hecho tal reflexión:
Me desperté deseosa de colocar el arbolito, era el día planeado con la familia para hacerlo, tenía mi pijama favorito, podía escuchar la música de navidad en la sala de la casa, me sentí en una bella película de navidad, todo era en cámara lenta, mi sonrisa no desaparecía, me acercaba al lugar…
Y lo vi…
¡YA TODO ESTABA PUESTO! ¡TODOOOOOOOOOOO!
No pude con tal acontecimiento, ni una estúpida bola pude colocar. Me apartaron de la única felicidad que tenía para mí la navidad (aparte de los regalos, la familia junta, blah blah)
Desde entonces no soy la misma y mi orgullo no me ha dejado montar un arbolito desde entonces (Mentira… orgullo no, flojera quizás)
Ahora mismo sólo siento un poquito la navidad, ni siquiera la publicidad excesiva, la luces de colores, los villancicos desafinados de mi mamá, ni un largo etcétera, han logrado que sienta plenamente ese espíritu. Pero supongo que nunca es tarde, que mejor tarde que nunca, blah blah.
En fin, la intención de esto es desearles una Feliz Navidad y un Prospero Año Nuevo (carita feliz)
Ya en serio, sólo quería decirles que sientan la famosa navidad o no, que crean en ella o no, es un tiempo perfecto para romper la rutina y abrazar, ¡querer!, acordarse de la gente, sonreír … para eso tenemos las vacaciones, (Los que lean esto y no tengan vacaciones simplemente obvien esa parte de mi mensaje navideño)
Recomendaciones por experiencia:
Las uvas para fin de año no son tan elementales, una vez casi muero atragantada y si realmente daban suerte, no me dio esa impresión.
Las luces de Bengala no son tan inocentes como parecen, en una navidad me quemé con una y me dolió por casi un año.
Sean realistas con las promesas del próximo año (Obviaré contarles mi experiencia)
Feliz Navidad gente.
martes 30 de septiembre de 2008
Que poco queda de mí para ti.
Que poco queda de mí…sin mis palabras, sin mi ayer, sin mis promesas de mañana. Que poca placidez…Que pocas ganas te quedan cuando solo te ofrezco mi hoy. Que poca alegría hay, cuando te quito el ayer. Que poco queda de mí para ti.
Que poco queda, cuando ni una llamada te ofrezco, cuando ni una despedida te doy, cuando tus excesos de extremos me golpean en palabras… y quedo ahí, otra vez, callada, con el corazón en la garganta.
Que poco hay, cuando un orgullo evita la costumbre de los días y no sabes como estoy y no sé como estás, pero que poco hay…cuando convertimos la costumbre a no saber como estamos.
Que poco queda de mí para ti…
viernes 26 de septiembre de 2008
A estas horas de la noche
Ya no quiero escribir en esa libreta arrugada y gastada que traje de Barcelona, tampoco quiero hacerlo en aquella pequeña que compré en la librería del Picacho. Sus hojas llenas me traen recuerdos de los cuales aún no me quiero acordar. Sus hojas vacías me cuentan lo que no sucedió y ahí las dejo, en blanco, como si lo merecieran, como si tuviera sentido, como si estuvieran llenas de nada, ocupadas y complementando.
La computadora me invita a Word. Lástima que no pueda arrancar las hojas de ahí, para doblarlas y dejarlas en espera para ti. Lástima que no tenga mí letra espantosa para que te esfuerces en entenderla y así la releas una y otra vez. Lástima que Word sea una hoja tan blanca, sin arrugas y sin alguna mancha sorpresa, lástima que no pueda borrar tachando palabras con garabatos, que no pueda cometer errores ortográficos sin que una línea roja o verde me lo indique… Aunque le agradezco la disposición en días como hoy, que no tengo libretas sin recuerdos y posiblemente tampoco tenga bolígrafos con tinta. Le agradezco sobretodo el simple paso que hay de ella al blog y del blog a tus ojos.
A estas horas de la noche mis manos son más frías de lo normal y yo soy más endeble que en el resto del día. Tiendo a leer las cosas que escribí, que dibujé, cosas que simplemente trasladé a un papel que dejo de ser mío cuando lo manché de tinta pensando en ti. Tengo repletas un par de gavetas, algunas carpetas de mi querido Word, de cosas ajenas que dejaron de pertenecerme hace tiempo.
El sonido de la lluvia acompaña al ruido de mis audífonos en su lecho de muerte y Pipino también colabora dando vueltas en su ruidosa bola.
San Antonio o quizás sólo el Picacho...está especialmente callado hoy.
domingo 14 de septiembre de 2008
Voltea.
Voltea, prometo verte para que me mires y nuestros ojos se hablen por última vez.
Voltea, no hables, solo voltea, ya tu mirada me cuenta lo que todavía estas pensando en decir. No, no interrumpas con tu boca esta bendita conversación de tu mirada. Yo tampoco hablaré… No solo porque no quiera…. Las palabras se quedaron en mi garganta, en un nudo que se niega a hablarte.
Voltea, quiero verte un ultimo instante y acostarme pensando en el. En todos los instantes que se hallan otra vez, viéndote.
Si puedes, quizás, sonríe, así podremos disimular. Abrázame, pero por favor, que sea rápido, no querrán verme llorar.
Voltea y mírame, pero no lo hagas demasiado… No podré evitar que mis ojos te pidan que te quedes y mi mano, al mismo tiempo, sin entender lo que hace, te despida.
Voltea, solo un momento y dime que te quedas, mientras te vas.
miércoles 6 de agosto de 2008
No encontraras la respuesta.
No encontraras la respuesta. No hallaras el escape. Ni veras la salida. Eso se hace en vida. Ojala que al menos, puedas descansar en paz.
domingo 29 de junio de 2008
Evadiendo
Evadiendo las letras, para evitarme a mí.
Para evitar que las palabras fluyan y yo muera en el intento de ir tras ellas.
Evadiendo las letras para escapar de indagar sentimientos que no quieren tener lugar ni testimonio, no quieren tener repeticiones, ni más evidencia que mi memoria en ellos.
Evadiendo tus palabras, quitándote la certeza de unas letras que te inviten a conocer.
Evadiéndome.
lunes 28 de abril de 2008
Tres Puntos Suspensivos

Recojo del piso las palabras importantes que decidiste callar para mí y me golpeo con esas insignificantes que tomaron un valor elemental para tu vida. Antes no dudaba formar parte ti, hoy no sólo lo dudo, sino que me siento como ese peso demás que tienes en tu cuerpo, que ansías quitar.
Me mareo ante las más intrascendentes situaciones que dejan en evidencia que no solo pusiste a moldear tu cuerpo, también lo hiciste con esa esencia que esparcía vida, esa que ahora no es más que una simple sombra incapaz de encontrar lugar en una sonrisa.
Mis palabras se abrevian en tres puntos suspensivos y se enmudecen ante una conversación que te pida volver al mundo que antes compartíamos, por miedo a conocerte y saber que prefieres no entender, que prefieres responderme con actitudes distantes y calladas, como si realmente lo mereciera, como si realmente valiera la pena hacerlo. Son ese tipo de actitudes que he estado respirando últimamente, por cosas que tú solo recuerdas.
Recogeré a la niña que era parte de ti, tirada en alguna esquina y le daremos paso a la mujer con ansias de tacones, para verla una vez más sonreír… solo cuando la cámara la vea.
Si no quieres más palabras que te reprochen, pintaré de indiferencia las conversaciones, los ratos y los días. En pocas palabras, te daré un poco de lo que tú ya me das.





